En quince años como asesor del Congreso de la República, nunca vi un trámite legislativo tan arbitrario y excluyente como fue la reciente modificación al régimen de regalías de recursos naturales no renovables, en donde el entonces ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry no dudaba en señalar de apátridas a los congresistas que se atrevieran a votar negativamente tan nociva iniciativa gubernamental para los intereses económicos de las entidades territoriales productoras de petróleo, mientras que el soberbio Presidente Juan Manuel Santos, amedrentaba como fiera en el Palacio de Nariño a los mandatarios de los municipios y departamentos productores, con su temeraria frase «no se me atraviesen». Esa fue a mi advertencia al Ex mandatario Álvaro Uribe y a los precandidatos presidenciales del Centro Democrático, quienes asistieron recientemente a un conversatorio en la ciudad de Yopal, en el sentido de que tenían que comprometerse en adelantar una nueva reforma constitucional de la regalías, pero contando previamente con la participación de los diferentes sectores de las entidades territoriales productoras de petróleo.Porque lo que hizo Santos fue «cranear» a puerta cerrada una reforma totalmente centralista, sin tomarse la molestia de preguntar qué pensaban o exponían los casanareños sobre tremenda modificación, sin siquiera aceptar la continuidad de la regalía directa (como lo intentó valerosamente el Representante Rodolfo Pérez hasta el último momento de la discusión del proyecto), y sin siquiera aceptar un régimen de transición para que el impacto fiscal fuera menos traumático para los casanareños, con el agravante que la Corte Constitucional desconoció inexplicablemente la violación a la descentralización y autonomía del nivel territorial (algunos dicen que vieron a ministros de Santos almorzando con magistrados de la Corte, una vez la reforma entró para estudio del alto tribunal). Esta reforma constitucional se gana el nada honroso título de ser la iniciativa más déspota y arbitraria en los doscientos años del Congreso, con la amenaza latente de que Casanare sea aún más ignorada y vilipendiada, si no trabajamos unidos para evitar electoralmente la reelección de Santos, porque como sabiamente le pidió un casanareño en el conversatorio al Ex presidente Uribe, «no nos vuelva a recomendar como candidato presidencial a una belleza como Santos». A Uribe nadie le puede quitar que esa reforma no se dio en su Gobierno, que su disposición de diálogo fue más abierta con los casanareños (anótese los consejos comunales de Gobierno en el Departamento), que abogó ante el Partido de la U para que no se aprobara en esos términos la reforma a las regalías, y que ahora se tomó al menos la molestia de venir a Casanare para presentar sus precandidatos a la Presidencia, cuando Santos ni siquiera vino como candidato al Departamento.Habemus «Toconsá»… Todos contra Santos!Por Juan Carlos Niño NiñoEspecialista gobierno y gestión pública territoriales, Pontificia Universidad Javerina.
Reforma a las regalías: la más déspota y arbitraria en 200 años del Congreso
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