
Hubo un tiempo en el que el fútbol profesional parecía lejano para Casanare. Un sueño que se veía por televisión, que se celebraba a la distancia. Pero para Rubiel Vargas, hoy gerente de Indercas, ese anhelo siempre fue más cercano… casi una promesa.
En 2019, cuando aún no ocupaba el cargo que hoy lo pone en el centro de la historia deportiva del departamento, ya hablaba con emoción del debut de un joven casanareño: Diomedez, quien marcó gol en su primer partido con la Sub-20 del Bicentenario Fútbol Club en el estadio Santiago de las Atalayas. Ese día no solo celebró un gol, también reafirmó una idea que venía creciendo: Casanare merecía fútbol profesional.
Hoy, seis años después, esa visión dejó de ser sueño. Es realidad.
El estadio Santiago de las Atalayas se convirtió en la casa del Deportivo Pereira para la Liga BetPlay 2026-I, y esta noche vivirá una nueva fiesta futbolera con el partido frente al Cúcuta Deportivo. Un hecho histórico que no llegó por casualidad, sino por gestión, insistencia y trabajo en equipo.
Y es ahí donde aparece el símbolo más poderoso de esta historia: el overol.
Antes de la institucionalidad, antes de los cargos, Rubiel fue un profesional de la industria petrolera. Trabajó con compañías como Schlumberger, BP, Equion y WoodGroup, en jornadas extensas, turnos lejanos y madrugadas que, aunque le permitieron recorrer el mundo, también le enseñaron el valor de la tierra y la familia.
“El overol caracteriza el trabajo fuerte”, recuerda. Y hoy, volver a usarlo no es coincidencia.
Porque así se ha construido este logro: con manos, con esfuerzo y con sentido de pertenencia.
La adecuación del estadio se hizo en tiempo récord. Decenas de personas —entre trabajadores, funcionarios y comunidad— se unieron para transformar el escenario. Pintaron graderías, recuperaron espacios y dejaron un símbolo imborrable: la bandera de Casanare plasmada en el corazón del estadio.
Todo, bajo el liderazgo del gobernador César Ortiz Zorro, quien respaldó la gestión para hacer posible la llegada del fútbol profesional al departamento.
Pero más allá de la infraestructura, lo que realmente sostiene este momento es la gente.
La unión de las barras, el acompañamiento de los hinchas y el entusiasmo de los casanareños han sido clave para demostrar que este territorio está listo para el FPC.
Rubiel lo tiene claro: este es solo el comienzo.
Vendrán más partidos, más oportunidades, más noches de estadio lleno. Pero para que eso pase, hay una condición esencial: que la gente crea, asista y haga del Santiago de las Atalayas una verdadera casa del fútbol.
Porque al final, esta historia no se trata solo de un dirigente, ni de un equipo, ni de un estadio.
Se trata de un sueño que se puso un overol… y decidió hacerse realidad.




