Alguna de estas discriminaciones tendrías que vivir a diario si quedaras con alguna discapacidad

A diario las personas con discapacidad tienen que vivir algún tipo de discriminación, por desconocimiento de los demás o porque con intención se construyen barreras que no les permite vivir su cotidianidad de manera digna y autónoma.

Por: John Alexander Díaz

Hace un par de días recibí la llamada de una amiga en la que me contaba otro hecho de discriminación que tuvo que vivir en su municipio, por cuenta de un par de vigilantes que le exigían traer acompañante para permitirle el ingreso al lugar, siendo esta una entidad pública. Mientras me contaba, sentía su malgenio y frustración al no poder hacer incluso nada, pues los dos guardas de seguridad le admitían que eran órdenes de su jefe y que ellos solo estaban cumpliendo con el requerimiento.

-Llegué al edificio como de costumbre para cumplir con una cita que había pactado días antes, ya había asistido a este lugar con anterioridad pero nunca me habían dicho nada, solo esta vez los dos vigilantes al verme, se pararon en la puerta y con voz altiva me dijeron: “¿trae a alguien que la acompañe? porque o si no, no podemos permitirle el ingreso”.

Ella, que es una mujer que durante años ha trabajado por los derechos de las personas con discapacidad y que ha hecho público en medios la importancia de la inclusión, le parecía increíble que luego de tanto trabajo que había realizado para su municipio ahora estuviera pasando por esta situación. Pero aunque estos actos no eran nuevos para ella, pues los había vivido en otro momento de su vida, pensaba que con toda la visibilización de actos de discriminación y orientaciones para una mejor inclusión su municipio había cambiado pero no, ahora volvía a enfrentarse con un acto de discriminación que muchas personas con discapacidad viven a diario: la barrera actitudinal donde el guarda de seguridad no permite el ingreso porque al ser persona con discapacidad debe tener a alguien que le acompañe ya que puede correr algún riesgo que la entidad no puede asumir.

– ¿Cómo? – Se sorprendió ella mientras les interrogó. – ¿Por qué no puedo ingresar? – -Son órdenes de la jefe. Nos dijo que si usted volvía a venir sin acompañante no le podíamos permitir el ingreso. Que el lugar puede ser peligroso para una persona como usted y lo mejor es que venga con acompañante. -Pero…- iba a refutar ella, mientras las demás personas que se encontraban en la fila le exigían que por favor diera permiso para que los demás pudieran ingresar ya que ella no podría hacerlo.

Lo más grave de este caso es que la entidad trabaja con el tema de inclusión y es quien da las orientaciones técnicas para el municipio, y la jefe de la que hablaban los vigilantes, es la líder municipal de este proceso. -No me sorprendí, más adelante les cuento por qué no.

II.

En silla de ruedas se desplazaba Juan por la calle, era medio día y el hambre le exigía algo de comer. Revisó sus bolsillos y decidió ir a un restaurante. Recorrió un par de cuadras más mientras buscaba y decidió acercarse al que más le parecía que cumplía con sus gustos. Estaba ingresando al local luego de haber franqueado dos sobre andenes y lo estrecho de la acera, cuando una voz deteniéndole el avance lo detuvo increpándolo: -“señor, usted aquí no puede ingresar, no tenemos ahora almuerzo para regalar y el restaurante está muy lleno, vuelva quizá luego de las tres para ver que nos queda para a ver si podemos regalarle, ahora no”, -y como si fuera poco, se agarró de su silla y lo devolvió un par de metros mientras Juan entre iracundo y lastimado por las palabras del comerciante se recuperaba. Por fin pudo hablar. -No señor, yo no vine a pedir comida, tengo dinero y voy a pagar. El comerciante importándole poco las palabras de Juan, lo dejó allí solo en medio de la acera.

Juan, quien es estudiante de quinto semestre de universidad, reconocido entre su población por el liderazgo y la vocería, retomó su dignidad y con voz más fortalecida regresó a la puerta del restaurante y solicitó poder hablar con el dueño del lugar, mientras los comensales lo miraban con ojos de “ahora no vaya a buscar problema, mejor váyase a otro restaurante y déjenos comer tranquilos”. Finalmente el jefe del lugar decía que se reservaba el derecho de admisión mientras le importaba nada las exigencias que Juan les hacía.

III.

Oscar había sido escogido para trabajar en una institución pública en la cual como docente debía orientar los casos de inclusión y educación que llegara durante el año escolar. Únicamente le faltaba asistir a su primer día de trabajo, pues su hoja de vida cumplía perfectamente para cumplir con el perfil. 

Por haber vivido la discriminación laboral en ocasiones anteriores, Oscar decidió asistir con un acompañante que luego de dejarlo en el lugar, se iría para dejar que cumpliera con los requerimientos del objeto contractual.

-Hola, saludó el rector a la persona que venía con Oscar y sin darles tiempo de alguna explicación, le dijo estar muy contento de la hoja de vida que tenía y que sería un gusto trabajar con él. Que veía que ya venía con una persona con discapacidad y que eso le demostraba mayor experticia. Luego de alagarle su hoja de vida por un rato más, permitiéndole hablar escuchó: no señor rector, yo no soy el profesional, es aquí mi amigo quien tiene discapacidad y se ha preparado para estar en este cargo como usted mismo lo admite. El rector entre sorprendido y angustiado, escondiendo su descontento, interrogó a Oscar ya omitiendo sus halagos y más bien preguntándole cómo iba a hacer para desempeñar las funciones, cómo haría para dar las clases y si estaba seguro de sentirse preparado para llegar solo hasta ese lugar sin consideración de ningún tipo. Sorpresa. Entonces Oscar recordando sus clases de inclusión y pedagogía en la universidad, le recordaría al señor rector que esa era una institución pública que priorizaba la educación inclusiva y que por lo tanto no debería darse ese tipo de discriminación, más bien deberían trabajar en la reducción de barreras actitudinales, comunicativas y arquitectónicas que le ayudarían para el buen desempeño de sus servicios. pero mientras definía por dónde empezaría a hablar para hacerlo de la mejor manera, el rector le pidió que por favor volviera al otro día mientras él definía con los demás profesores cómo se daría su ingreso. Al final resolvió: – “no profesor Oscar, yo lo llamo en la mañana para haber a que hora puede usted venir”. -Por su puesto esa llamada nunca llegó para Oscar que luego se comunicó con la institución un par de veces más, sin que fuera recibido por el rector y sin ninguna aclaración de su parte.

Estos tres pequeños relatos sobre actos de discriminación, son hechos de vida que a diario muchas personas con discapacidad viven, a cuenta del desconocimiento que tienen algunas personas de los derechos de las personas con discapacidad, por falta de promover la inclusión y hacer cumplir la ley antidiscriminación, pero, sobre todo, porque no se ha promovido con efectividad las acciones de inclusión. En Colombia se ha adelantado bastante en normatividad y algunas entidades han generado buenos procesos antidiscriminación, pero es verdad que todavía falta que estas normatividades hagan parte de lo cotidiano y que se vuelvan una verdadera cultura de inclusión.

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