Dos palabras que deben omitirse para buscar la inclusión

Por: John Alexander Díaz Ortegón

*Licenciado en educación, magister en educación, creativo literario, columnista y activista de derechos humanos.

@Johndaz988

No somos seres terminados, entendiendo terminados como hechos bajo una finalidad, ni seres concluidos, entendidos en un fin propio que determine no poder generar ningún avance, sino por el contrario, somos seres que vivimos en constante cambio, buscamos durante nuestro paso por la vida un avance por el camino y en esa búsqueda constante de quienes somos, para dónde vamos, qué queremos y en cuánto tiempo, vamos diseñando poco a poco lo que ahora somos. Así mismo es la inclusión.

Un proceso constante en el que todo está por definirse, todo por buscarse, todo por entender y en esa construcción constante, vamos dando pasitos de encuentro con lo que ahora somos y con los otros en lo que queremos ser. La vida se hace en borrador dijo el poeta, somos aprendices constantes el epistemólogo, somos seres inconclusos, el narrador suramericano. Estos tres anteriores tienen algo en común, la palabra como vehículo de transmisión de saber, conocimiento y aprendizaje.

Para estar juntos entonces, también se hace necesario poder relacionarnos de manera adecuada con las palabras, ya que son una parte del tesoro que tenemos para compartir con el otro, con ese que no soy yo, con ese que me hace posible.

Corría el año 2013 y en una conferencia a la que me habían invitado para conversar sobre tecnologías e inclusión, el presentador muy amablemente dice a su público: Les presento a este joven que a pesar de su discapacidad, hoy viene a enseñarnos cómo ha sido su proceso utilizando la tecnología. Me retorcí. ¡Whats! ¿A pesar de qué? Ya no quería hablar. Cómo que soy a pesar de mi discapacidad. ¿Cómo que las condiciones que ahora vivo por las limitantes que reproducen las barreras me hacen un ser humano a pesar de? Tuve que seguir.

Hablé de tecnologías, lo bien que me hace conocerlas, usarlas y convinarlas, lo que nos permite a la discapacidad para la inclusión. Yo quería hablarles de su vendita palabra “a pesar de”. Ningún ser vivo es a pesar de, considerando vivo en el contrario de no estar muerto. Es decir, aquello no está muerto porque se mueve, está en constante cambio, consideramos sobre ellos funciones vitales. En definitiva, la discapacidad se ha considerado como un estar muerto.

Un estado de quietud, de pérdida, de conclusión. Falso. Por el contrario, la discapacidad debe seguir construyendo el sinónimo de estar vivo, experimentar las funciones vitales y resignificar la vida en constante cambio como cualquier otro ser humano, en consideración de sus condiciones al igual que lo hace cualquier otro ser vivo. No somos seres a pesar de, sino por el contrario, somos seres inconclusos que hacemos la vida en borrador, en la que todo está por construirse. A pesar de significa Considerar con prudencia las razones de algo para hacer juicio de ello, por supuesto, la inclusión está un poco más lejos de esto.

Padecer, es uno de los adjetivos más comunes que se escuchan en cuanto se habla de discapacidad. Mi hijo padece de, padezco de discapacidad, referencian las personas al hablar de sus características sensoriales, físicas o intelectuales al hacer referencia a sus condiciones como si fuera lo mismo. La discapacidad se tiene cuando se presentan una serie de barreras arquitectónicas, comunicativas y actitudinales que por su puesto con compromiso pueden mitigarse, y no son las características que tiene una persona sobre su cuerpo. Por lo tanto, decir que se padece, es considerar a una persona insana, soportando, desbaratada, desde el dolor, enferma, dañada. Es creer que existen unas reglas infalibles para vivir siendo humano, como si ya todo estuviera definido, apareciera echo, como si estuviera todo ya terminado. El ser humano es posibilidad, es devenir constante, es indefinida creación.

Es decir, no estamos hechos para padecer de alguna cosa, sino que vivimos reduciendo las barreras que nos van apareciendo. ¿alguna vez han visto como un niño empieza a caminar? Tarea entonces por hacer.

Nota: lo único que padecemos son las reglas que nos inventamos para limitar lo que podemos ser como seres vivos, pregúntense por su gobierno.

En algún momento de la historia humana, otras poblaciones también eran denominadas bajo estos calificativos, generando obviamente discriminación y reproduciendo exclusión social. A pesar de que es negro, a pesar de que es mujer, a pesar de que es indio. Y por esto padece de, justifican quienes desconocen la diversidad y la riqueza que viene con su gracia en quienes todavía estamos vivos.

Son muchas las palabras que se usan en el cotidiano las cuales se vuelven obsoletas al momento de vivir en inclusión. Como seres vivos somos productores de cambio y generadores de esperanza. No somos seres terminados que vamos por la vida solamente reproduciendo lo aprendido sin ninguna posibilidad, sino que por el contrario, todos quienes existimos somos sembradores, recolectores, somos semilla y fruto todo al mismo tiempo.

No podemos dar vidas terminadas o seres conclusos, porque devenimos en un trascender constante, usamos creación y creatividad adjunta. El lenguaje inclusivo no es un acumulado de reglas o un diccionario de expresiones listadas, es por el contrario la palabra viva que se hace con los otros, para los otros con NOSotros.

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Un comentario

  1. Jesus Alberto Galindo

    Excelente,compañero Jhon, no solo las precisiones del lenguaje generan inclusión, son las actitudes de las personas que permiten hacer partícipes a las personas, y está en nosotros con acciones vivas multiplicar,

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