Ya soy soldado de la patria ¿ahora con discapacidad para qué sirve?

Por: John Alexander Díaz Ortegón

*Licenciado en educación, magister en educación, creativo literario, columnista y activista de derechos humanos.

Al ver como algunas personas con discapacidad fueron convocadas por los centros militares para resolver su situación militar, pienso en la obligatoriedad que pasan los hombres (solo por su condición masculina) a definir una situación que se hace ineludible, aunque sea inocua como en los casos que ahora definiré: pienso en la flexibilización para la inclusión, en la eficacia de las políticas y la pertinencia de las acciones afirmativas respecto a las lamentables cifras que tiene nuestro país.

Un campesino se preguntaba al hacer esta canción: –Soy soldado de la patria, según dice mi teniente, y soldado que dejó su tierra sola, la familia y lo que bien pudo tener, y hasta el perro, mi perrito quedó triste, desde el día que me cogieron pa’l cuartel… -canta la canción Jorge Veloza, preguntándose mientras sigue la canción: –Y lo que pasa es que he vivido entre las vacas, y del rifle al cagajón hay mucho trecho, yo soy criado pa’enfrentar otros quehaceres, muy distinto a trotar y sacar pecho, soy soldado de la patria, según dice mi teniente…

Pensé entonces en los hombres con discapacidad que tienen que resolver esta situación ya porque lo dice la ley, aunque si contrastamos cifras, se hace presente un vacío jurídico de procedimiento administrativo ¿será que lo podremos resolver? ¿Lo tienen en la mira nuestros representantes ante el Consejo de discapacidad? – -volvamos a la canción ¿Y si un campesino decidió la siembra como su oficio de vida, para qué le sirve entonces la libreta militar? me pregunto mientras tarareo y voy aclarando el enigma sobre inclusión.

Desde el primero al cinco de marzo de 2021, fueron convocados los hombres con discapacidad del país a resolver su situación militar, ya que los colombianos entre los 18 y cincuenta años deben darle solución a este requisito por ley, aunque estén como población dentro de las 16 exenciones proclamadas en la ley 48 de 1993. Bogotá, Valledupar, Tolima entre otros departamentos, fueron visitados por la campaña militar, la Consejería de discapacidad y con representación de sus propios líderes para darle alcance a este programa.

Dicha Ley refiere, que estas poblaciones, aunque no presten el servicio, si deben tener su libreta militar, cumpliendo con este mandato: ¿esto para qué sirve sin verdaderos procesos de inclusión?

Obtener la libreta militar en Colombia sirve esencialmente para dos cosas cuando no estás buscando trabajar con armas: para graduarse de la universidad y para adquirir un empleo. Dos de las cosas que más del ochenta por ciento de nuestra población no tiene (ingreso a la educación superior, dígase universidad, y un empleo formal).

De la misma manera, más de la mitad de la población no participa de este proceso ya porque su condición de mujer no está determinada dentro de la ley colombiana y ellas solo prestarán el servicio militar de manera voluntaria. Así mismo si es indígena que viva en su territorio, población trans bajo la Sentencia T-476 del 2014, si es víctima del conflicto entre otras excepciones. Así mismo, luego de la ley projoven, la libreta militar no es un requisito para adquirir un empleo, pero si es importante que en un plazo no mayor a dieciocho meses pueda definir su situación, brindando con esto una posibilidad a que tenga dinero para poder resolver su situación luego de estar trabajando.

La discapacidad en Colombia todavía no tiene cifras claras, algunos estimados como el DANE refiere que el país tiene un poco más del 7% de la población y otros registros indican un porcentaje superior al 15% de la población en general. De este estimado, únicamente un poco más del 5% ingresa a la educación superior y menos del 2% se gradúa con aspiraciones de conseguir un empleo. En las cifras de inclusión laboral, más del 90% de esta población cuenta con ingresos lamentables y más del 80% no tiene un trabajo. De lo formal mejor no hablemos.

En esa campaña a la que muchos llamaron inclusiva y que fue liderada directamente desde la Consejería Presidencial para la Discapacidad, se pudo ver de todo, desde el uso político poblacional para la foto de campaña, hasta la de algunos líderes que quisieron sacarle ventaja sin siquiera reflexionar, a un mandato normativo como la de solucionar la libreta, denominándose promotores de esta acción, como si la verdad fuera la gran cosa inclusiva. Nos venden humo y compramos humo. 

Este hecho no debería ser celebrado inocentemente por los líderes de discapacidad y si, por el contrario, trabajar por acciones que permita que las personas con discapacidad al igual que las mujeres, no tengan que pasar por este trámite inocuo, pues por obvias razones de desigualdad, discriminación y falta de garantías, no van a conseguir un empleo y menos van a participar en procesos educativos de nivel superior a corto y mediano plazo, no lo digo yo, volvamos a las cifras. Más de la mitad de los estudiantes ahora inscritos en las instituciones educativas tienen discapacidad intelectual, siendo estos los menos tenidos en cuenta en procesos superiores de educación y de inclusión laboral. Se mide el ingreso a la educación superior y el acceso al trabajo en torno a capacidades con estándares regulares y masivos, sin tener en cuenta los ajustes razonables, la flexibilización laboral y las condiciones poblacionales. Añádale los miles de empleos que se perdieron por la pandemia y el imaginario social que quedó en las personas de quienes tienen mayor riesgo son las personas más vulnerables: enorme trabajo el que se nos viene como población.

Antes del Coronavirus las cifras de educación superior y de trabajo entre nuestra población eran lamentables. En cambio, luego del Coronavirus, son patéticas. ¿De qué manera este gobierno y los que vendrán van a darle trabajo a quienes adquirieron su libreta militar? Si las cifras demuestran que las mujeres con discapacidad, aunque tienen una profesión no son tenidas en cuenta para un empleo, si solo una pequeña parte de los hombres con estudios superiores y libreta al día tampoco son tenidos en cuenta. Esta será una libreta militar que servirá para cargar en la billetera y mostrarles a los tíos que ya es soldado de segunda categoría, para añadirle a las docenas de hojas de vida que enviarán semanalmente, para sentirse incluido por un día, pero cumplamos la ley, aunque nos sirva solo de aliciente.

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