Discapacidad con autonomía: Superando la institucionalidad

Por: John Alexander Díaz Ortegón

16 de febrero de 2021

*Licenciado en educación, magister en educación, creativo literario, columnista y activista de derechos humanos. @Johndaz988

Los cuerpos de las personas con discapacidad hemos venido siendo cuerpos institucionalizados, y tanto sus vivencias como sus relaciones sociales se han fundado alrededor de la experiencia con la institución. En principio esto parece una de esas generalidades que pasan de un planteamiento real a la tergiversación, pero esta hipótesis se entiende mejor comprendiendo que los estados de alguna manera son quienes han garantizado los derechos de la población, casi que sin generar un tránsito hacia la autonomía e independencia para la autosostenibilidad personal, y esto por su puesto contribuye a mantener una relación ilimitada con las instituciones promovidas desde el estado, o la eterodependencia constituida desde los paradigmas de la clínica y la rehabilitación.

En este sentido, es sobreentendido que los estados deben ser garantes de los derechos de todas las personas, pero también deben promover la independencia como bien privado y la autonomía como facultad para autodeterminarse, desarrollando claro está, el bien privado de cada persona que como bien se sabe, es sí misma.

Por su parte, para nadie es un secreto que muchas de las vivencias de las personas con discapacidad están mediadas por la institución y los recuerdos que se constituyen también se afianzan a su relación con esta, como si pasar por estos lugares, hiciera parte de un tránsito obligatorio de vida solo por vivir en una discapacidad; y aunque esto se ve cada vez con menor frecuencia, lo que es verdad, es que todavía se puede denotar en medio de una conversa con una persona con discapacidad, en sus referencias o al preguntar por esos mejores momentos de vida, como van apareciendo relatos vividos en la institución, o  saberes que la institución misma replica como loras mojadas y que reproducen como verdades absolutas. Un ejemplo de ello es la simple palabra “discapacidad”, un determinante institucional que se volvió única verdad de denominación para este grupo de sujetos que viven con una condición.

Es así que para no ir más lejos, superar la institución requiere de generar espacios poblacionales propios en el que se discutan, distingan, propongan y manifiesten su diversidad como planteamiento político de seres humanos reconocidos en la diferencia, con ella, que pueden como aporte social, enriquecer los escenarios públicos.

es importante entonces poder comprender, que la institución tiene recursos agotables, mediados administrativamente por determinantes económicos, políticos y bajo estándares globalizantes, el cual no permite el reconocimiento diverso y propio de cada identidad, siendo esto una limitante para el desarrollo de la autonomía, de la personalidad genuina y diversa. Es decir, sin ir más allá, entre más normales seamos, más manipulables y determinados seguiremos siendo: solo la diversidad permite la libertad y la construcción de una identidad genuina y propia.

Por su parte, desde planteamientos de la investigación, según Angarita 2014 la rehabilitación es un término usado frecuentemente cuando se habla del tema de Discapacidad. Históricamente, la rehabilitación se estableció como una necesidad de la sociedad para integrar a la persona con alteraciones físicas, sobre todo aquellas con deficiencias osteomusculares derivadas del trabajo de la participación en las guerras mundiales. Es decir, las instituciones de la guerra, necesitaban rehabilitar los cuerpos edificados para el combate, buscar de nuevo reconstruirlos y sanarlos -como un dios que restaura los cuerpos enfermos -como cuando se nos daña un juguete y lo arreglamos para que siga siendo funcional para el juego.

Por su puesto esto tiene un impacto sobre la identidad de cada persona, ya que estas instituciones tienen un planteamiento basado en el concepto clínico, en el que la persona por vivir con una discapacidad tiene una deficiencia, un faltante, no es normal -concepto basado en la normalización del ser humano como un ente único, sin cambio, estático: enfoque biologicista, y no  pudiendo ser entendido el cuerpo como un lugar de resistencia a las hegemonías culturales y morales, un territorio vivo en el que se generan todo tipo de reflexiones, memorias, vivencias, experiencias, que lo hacen cambiante, divergente, posible, espacio combatiente que resiste a los embates de una única forma de ser, estar y existir. Un cuerpo no hegemonizado oponente a los requerimientos que exigen los cuerpos de la guerra: los normalizados, los cuerpos completos, los cuerpos fortalecidos, diseñados, estereotipados.

Esto que digo, tiene que ver con el autorreconocimiento que tienen las personas de su condición, de la diversidad y la diferencia con la que ahora coexiste, de la riqueza física, experiencial, que es posible que le determine una especie amplia de moral, un reconocimiento rico de la diversidad humana, ya que las personas con discapacidad hemos estado reconocidas desde una perspectiva del “Maltrato físico, la privación de los derechos y la marginación social; la humillación y la ofensa a partir de las clases de injusticia social. Esto no pasa transparente por la vida de una persona, sino que al contrario se va constituyendo en sus vivencias, las experiencias vividas con los otros, sus propios  relatos. Es necesario entonces, revisar cómo la población con discapacidad ha venido haciendo transito desde las instituciones rehabilitadoras y clínicas, a las instituciones en roles paternalistas que solventan económicamente, garantizan y determinan el rol que hay que cumplir. En este caso, seguir reproduciendo la  vieja ciudadanía de tercera categoría, el cual no se ha superado: -revisemos las cifras.

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Un comentario

  1. ¡Gracias por compartir tan importante escrito!

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